Hoy volví a despertar vomitando sangre.
Han sido días negros, oscuros.
Hoy se va mi mejor amigo, mi confidente, el único que ha podido hacer frente a mis ataques de ansiedad. Y si, me siento terriblemente solo.
Los que padecemos ésto, estamos condenados a vivir solos. No hay quien pueda entender la soledad, el aislamiento. Yo me convierto en un animal, una bestia, y prefiero alejarme de todos para no lastimar a nadie. Hasta mis palabras son agresivas, busco lastimar, destruir. Y me voy.
Pero el aislamiento no es bien recibido, lo toman como indiferencia, frialdad. Y es justamente lo contrario; este puto exceso de empatía con el dolor del mundo me está matando.
Lo que precisamente quiero es NO SENTIR.
Quiero dormir largamente, quiero descansar, conocer la paz.
Déjenme morir un rato.
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