martes, 15 de octubre de 2013

20 días...


20 días han pasado desde la última vez que tuve una crisis.
Esa última crisis fue tan prolongada que hasta la fecha siento terror en volver a tener otra.

La dopamina, sertralina, seroquel, diazepan y prozac, son un juego de niños, maldito tafil ya es un chocho de azúcar. No quiero volverme dependiente de los malditos antidepresivos, no quiero volverme dependiente a más cosas, o a alguien.

El problema de toda esta resaca de sentimientos es que no cualquiera entiende a un obsesivo compulsivo, o bien te terminan abandonando, o te acaban sumiendo aun mas fuerte en tu miseria.


Tratar con nosotros no es cosa fácil, y más cuando eres ateo. Todos te quedan viendo con una lástima "celestial" y te dicen que tu vacío es espiritual, que lo llenes con cualquier dios o tu entidad poderosa y ya con eso estás del otro lado.

Que me perdonen. Pero a mi me la pelan con esos comentarios de subnormales hijos de Paulo Cohelo y Louis Haye. Ya estoy hasta la madre de pensamientos fluídos y la vida que llamas con tu energía y la madre del muerto.

Hoy escribo asqueado, harto y hasta la madre de filosofía barata, compasión pendeja y personas que te hacen sentir aun más solo. Hasta la madre en serio. Así que no esperen mucho de mí. Escribir todo el mierdero que traigo dentro de algo servirá, me importa muy poco el que dirán. Me siento como describía Bukowsky, tengo ganas de dormirme una semana, sólo levantarme para tomar una cerveza, orinar, cagar y si se puede echarme una buena dosis de sexo ocasional.

Nada puedo hacer hoy, aun cuando el filo de una navaja recorre mis tatuadas venas, sé que seguiré aquí mañana, en el hedor del mundo.


Ojalá mañana pueda decir: 21 días sin otra puta crisis...

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