Empecé olvidando donde dejé las llaves,
siguió que no sabía usar mi propio celular,
lo que me asustó fue perderme en mi propia ciudad,
en calles que ya conozco,
en suelos que siempre he pisado.
Putos doctores,
con toda la frialdad que les da su bata
te matan a tiros de diagnósticos,
te escupen en la cara son sus estúpidas enfermedades,
con su maldito pronóstico
y sus libros.
Te conviertes en una estadística
y te atiborran de pastillas,
te vuelven un pinche zombie
en nombre de la ciencia.
No señor, yo no.
Si me he de ir de este puto mundo
será a plena conciencia de que me estoy yendo,
de que en mi último hálito
gritaré contra todo y contra todos
que viví mi puta vida,
como mejor creí,
como mejor pensé que estaba bien,
sin tratar de joder...
y luchando.
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